Cuando me enteré me quedé paralizada, hasta que empezé a llorar, no me lo esperaba. En el fondo seguía pensando que cualquier día entraría por la puerta, con su energía habitual, recuperada, alegre, como si nunca hubiera estado enferma. . .
La verdad es que sólo me dio clase un año, y bueno, 15 días de este curso.. Pero su personalidad, cómo creía en todos, cómo seguía teniendo esperanza en cada uno de nosotros, los peculiares gestos que usaba al recitarnos la canción del pirata o lo de complemento directo y agente. Y el año pasado, cuando se aprendía nuestros nombres, toda la clase acababa riendo.
A principios de septiembre, cuando me enteré que era nuestra tutora, me puse a saltar de alegría. Pensaba que estaría todo el curso con ella, como tutora y me encantaba la idea.
Lo peor es que no se lo merecía, entre las personas que menos se lo merecen ella era la que menos. Pero ha pasado, la vida no es justa. Pero es así.
Te recordaremos siempre.